Anonim

Los maestros trataron de mantener una mente abierta, pero la mayoría de las conversaciones estaban llenas de tristeza y fatalidad: ¿teníamos acceso adecuado a la computadora? ¿Podríamos desarrollar un cronograma de exámenes que nos permita evaluar a cientos de estudiantes en cada escuela y permanecer dentro de la ventana de exámenes? ¿Qué pasaría si las computadoras se congelaran o perdieran su acceso a Internet en medio de una sesión de prueba? ¿Habría suficiente personal de soporte técnico en el sitio para solucionar problemas? Y esas eran solo las preocupaciones logísticas.

¿Qué hay de los estudiantes? ¿Podrían adaptarse a leer largos pasajes de texto en una pantalla de computadora? ¿Serían confiables los resultados de las pruebas en comparación con los de los estudiantes que usaron folletos de prueba y hojas de Scantron? ¿Qué pasa con los estudiantes con adaptaciones especiales para los exámenes, como que los exámenes se lean en voz alta?

Cuando llegaron los días reales de las pruebas, todos contuvimos la respiración y saltamos. A pesar de tantas dudas, las pruebas fueron muy bien. No se materializaron pesadillas técnicas, y los problemas que ocurrieron se resolvieron muy rápidamente. Pero la mayor sorpresa fue la facilidad con que los niños se adaptaron a esta nueva forma de prueba. Se desplazaron incluso por textos largos, usaron una función de pantalla dividida para ver tanto la pregunta como la sección del pasaje, usaron la herramienta de resaltado y, en general, terminaron mucho más rápido que cuando tomaron la prueba SOL de una manera convencional.